Los héroes del mar

Abre sus ojos y se le encoge el alma en el colchón, no hizo más que comenzar su día y sabe que hoy podría ser su último despertar. Se gira entre las ropas y busca el calor de su amada, acaricia sus hombros tan lento que traslada tan adentro su cariño, que le tatúa los huesos con el amor que le brota. Sus manos fuertes, agrietadas de sal y maromas, de cajas de madera y redes por desenredar, se entrelazan en el pelo de quién contiene su respiración cada despertar, cuando le siente alejar los pasos sobre la tarima del pasillo, de quien vive entre la ausencia de sus besos y los celos que de la mar tiene.

Besa con devoción su nuca desnuda, mientras susurra el deseo de volver a su lado, arropa sus hombros desnudos y cierra los ojos y aspira su olor, su perfume y lo encierra en la memoria, como el tesoro que se guarda en el cofre. Se levanta y sentado aun en el borde del colchón, respira tan profundo como puede y se aleja camino del baño. Una vez frente al espejo revisa cada arruga que las galernas surcaron en su faz, afeita y asea su osamenta, comienza el ritual, un cafelito y un pedazo de pan de hogaza tostado que regado con oro verde, sirven de desayuno.

Cierra la puerta y aun en el umbral, se tienta en el pecho la medalla que nunca le abandona en su andar, a la que tantas veces acudió a rezar, a quien cuando pinta mal le implora, a quien cuando pinta bien agradece, a quien con devoción lleva el volandas cuando las fiestas del pueblo la sacan a procesionar. Dirige su paso lento hasta el puerto entre las luces que iluminan su andar, atrás su vida en tierra firme, atrás queda su otra mitad.

El murmullo de silencios se entrelaza con el cantar de los albatros, mientras se afana en preparar su barco para echarse a la mar. Ya tiene a punto el motor y los aperos, solo queda soltar amarrarás y salir a faenar. El timón dirige el paso lento, que surca su camino de ola en ola, de golpe de mar en golpe de mar, vestidito de espuma y salitre, de marea y mar de fondo, de ondulado camino, de inmensidad y horizonte.

Crujen las cuadernas que de brea embadurnadas, aguantan el salado sustentó por el que navegar. Las cuatro en el reloj de la madrugada, se aleja la luz del faro y el balanceo gana intensidad a medida que la bocana del puerto se estrecha y aleja. Una luz verde tiñe de penumbra el puente y de banda sonora llena de el aire el radar, que incesante tintinea en busca del banco de peces que le devuelva a puerto con el bolsillo lleno y que le permita continuar. Que la bodega llena le ayude a salir adelante, a envolver los sueños, a poder salir a flote, a dejar de naufragar.

El parte meteorológico no pinta bien pero la hipoteca no perdona, los recibos que se acumulan en pendientes, no saben de temporal, ni de que la flota cuando arrecia tenga que amarrarse, de ciclogénesis explosivas, de que hoy no debería salir a faenar. El mar hoy tiene un millón de razones entre el viento y las olas para devorar su nave, y se enfada con el cascaron de nuez que pretende arranca el tesoro que guarda aguas abajo, en el caladero en el que hoy toca probar fortuna, arriesgar y ver que tiene guardada la mar.

Se aleja la nao, y ya no hay costa que guarde la espalda, ni puerto visible al que regresar, sólo mar inmensa, olas encabritadas coronadas de espuma, que una tras otras ciñen y escoran la nave, que la hacen saltar. El mar aprieta el paso, y toca largar por la popa las redes y comienza arriar las artes. La suerte está echada y ahora toca esperar.

Mira al cielo y aguarda a que el banco entré en la relinga y termine en el copo, el frío no cesa, no quiere parar. El mar baña la cubierta incesantemente, el viento azota la nave, y un continuo subir y bajar al antojo de la caprichosa marea, hace que se crispen los nervios y se tienten los machos, no queda otra, hoy como tantas otras veces habrá que aguantar.

Y si vuelve a ver que la luz de las farolas dibuja la línea del puerto, pintara una sonrisa en los labios agrietados, pues sabe que ganó hoy. Si le traga el océano, volverá cada noche entre sueños a abrazarla mientras duerme y buscará el calor de su amada, mientras no la dejara de acariciar……..

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