Ángel

Que la pena ocupo la risa, se marchó con tantas cosas pendientes por hacer que ahora se convirtieron en un pudo ser y no fue.

La vida le gano el partido sin llegar al descanso, tarjeta roja directa y a llenar los corazones de quienes vivían atados a su andar. Los recuerdos se amontonan y los ojos se desangran entre sollozos y vivencias piel adentro.

Se fue luchando por quedarse, se aferró a cada tabla del naufragio hospitalario, peleó contra cada golpe de mar por alcanzar la orilla y salvar la ropa. Soñó con despertar de la espiral que le llevó tan lejos que no pudo regresar jamás. Golpeó con las manos abiertas y con  todas las fuerzas que le dejaban los goteros y las curas por salir a flote. Quiso continuar, vencer al destino, saltarse la valla y salir a ganar, pero no pudo ser.

Su nombre y su buen hacer le aseguraron una localidad en primera fila en ese espacio que nubes arriba se reserva para gente como él. Desde allí, apoyado en la barandilla el viento le mece las canas, mientras observa que la risa no se escape de los labios de aquellos que fueron y serán su razón de ser.

Baja a la tierra cada noche tras encender la luna y una estrella a la que bautizó con tu nombre, llega silencioso y de puntillas a posar su cabeza entre tus manos  mientras duermes, para reconfortar su alma inquieta. Mesa tus cabellos con la delicadeza y el mimo de saber que no se irá de tu vida jamás, que no hay lugar mejor en el que estar. Se dice una y otra vez, que fue un error de la vida, que le pusieron en la lista equivocada, que no le tocaba a él, pero sabe que pudo hacer nada por quedarse.

Huele entre sus manos las prendas que posadas en el lecho abandonas cada noche y conservan tu perfume, entonces si cierra los ojos le regresa el recuerdo de arrumacos enredados en tu cuerpo que le dejaron preso para siempre de ti.

Bendita la memoria que ahora es el legado de su paso entre quienes sabemos que valió la pena tenerle en nuestro bando.

Que no nos pueda la pena, que lo vivido a su lado pesa más y fue tan de verdad que debe ganar al sentimiento de pérdida.

Desde el cariño y la ternura que me conmovió una tarde a tu verita, te dedico estas letras de homenaje a vuestro amor.

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