Alumbrar

Pasear por la ternura que proporciona una vida que despega en silencio. Un amanecer de piel, corazón y huesos, que en ovillo se despliega iluminando la mirada de quien lo gestó nueve meses vientre adentro.

Estreno de una nueva alma que comienza a llenar su mochila de experiencias que conformarán su estar y quizás su ser. Cada mirada se llenará de primicias, cada latido, cada sentimiento será el primero, único irrepetible.

Con todo por hacer, con nada que lastre la inocencia, nada que se pueda sumar a la experiencia, del bagaje de un recién llegado.

Mostrarse tal cual llegó, envuelto en la piel y conectado sin wifi a la madre y al mundo más interior que jamás tendrá. Rodeado por las horas de oscuridad materna, por las voces de por dentro, por el telón de dermis que resguarda su fruto hasta que maduro desembarque.

Una vez salió del cascarón,

sólo cabe alcanzar la autosuficiencia cuanto antes,

sólo descubrir y archivar,cada experiencia

tan sólo vivir y sentir.

Sólo caminar y detenerse cuando la vista y el aroma merezcan detenerse, pausa y contemplación.

Deja un comentario