Un día

Aparcar el día a día, porque saltaron las alarmas y toca parar. Echarse a un lado en el camino y tomar un soplo de aire para templar los nervios y que el suspiro ayude a pasar el desfiladero, sin caer en el abismo del miedo.

La vida cualquier mañana te pone en primera plana de los diarios, sin previo aviso, sin permiso, sin más remedio que torear. Suponiendo que te permita, calzarte el traje de luces y saltar al ruedo, que no te lo dé llave en mano y sin opción a devolución.

Hace tiempo que sabía que algo no iba bien, que le invadió un tic que fue ganando fuerza y presencia en su vivir, que se transformó en temblor.  Tomando el control de su risa, de su andar, de su día a día. Poco a poco la incapacitaba para seguir a delante, con la fuerza y el tesón que la habían caracterizado.

Entonces, empezó un laberinto de citas previas, de pruebas y diagnósticos que determinaron que el temblor, se había quedado para siempre y que de no ponerse manos a la obra, iría cobrando fuerza y tomando el control de su cuerpo y su vida.

No fue fácil, más bien lo contrario, pero orientó la proa  al viento y afrontó cada ola con la mejor de las sonrisas.

Encontraron los chicos de bata blanca o verde, según proceda, una solución al uso, que mermaba las consecuencias de la enfermedad y ayudaba a la calidad de vida y a la dignidad necesaria para seguir, para estar y vivir. Que en ocasiones es tan necesaria como la salud. Lo que ellos llaman en argot TACS, y que al castellano es Estimulación transcraneal por corriente alterna.

En fin,  unas almohadillas que anulan la señal de nuestro cerebro que causa los temblores mediante la aplicación de una pequeña corriente eléctrica, a través de electrodos en el exterior de la cabeza de un paciente. Una de esas cosas que cuando la oyes piensas que nos queda tanto por hacer, pero que bueno que se hicieron cosas.

Y allí que se lanzó a que dos almohadillas de electrodos, una cerca de la base del cuello y otra en la cabeza, por encima de la corteza motora (la parte del cerebro implicada en el control de los temblores). Coincidiese con la señal oscilante de los temblores, de manera que la cancelase, y se suprimiese el temblor físico.

Y paso lo que tuvo que pasar, y las luces del techo del pasillo camino del quirófano pasaban como las líneas en la carretera a todo velocidad y con la cadencia necesaria y luego un sueñín y todo habría pasado.

Y así fue, la mañana se vistió de luz y risas, de ganas de mirar al mundo y de hacer una vida que no llevase asociado un terremoto interior. Gano y ganamos, y que no dejemos de ganar.

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